Recordemos a la persona de quien toma el nombre el Instituto, Francisco Suárez.


Cuando nuestro instituto fue fundado en 1845 por la Ley Pidal no tenía un nombre propio, ya que era el único que existía en la provincia de manera que era denominado Instituto Provincial de Granada. Pero en cuanto empezaron a crearse más institutos, ya sí se acostumbró a designar a cada uno con el nombre de algún personaje famoso de ámbito nacional o regional del mundo literario, artístico o científico principalmente. Así, a este Instituto se le impuso el nombre de “Padre Suárez” en 1934, denominación que fue autorizada en la Gaceta de Madrid el 13 de febrero de dicho año.


Francisco Suárez es uno de los filósofos, teólogos y juristas españoles más importantes de su época, que es la del Siglo de Oro, pues nació y murió prácticamente al mismo tiempo que Cervantes. Nació en Granada el día 5 de enero de 1548 de familia noble. Estudió en la Universidad de Granada y tras dos años de estudios en la Universidad de Salamanca, solicitó el ingresó en la Compañía de Jesús. Sin embargo, su solicitud fue denegada por su débil constitución física y su delicada salud. Finalmente, fue admitido en Salamanca en 1564, donde llegó a ser un alumno aventajado en Teología y Filosofía.

Su actividad docente se desarrolló por diferentes universidades: fue profesor de Filosofía y de Teología en Segovia y Valladolid; posteriormente, su prestigio lo llevó en 1580 a impartir Teología en el Colegio de la orden en Roma, el más importante de la Compañía; sin embargo, a los cinco años tuvo que volver a España por problemas de salud que le incapacitaba para soportar el clima italiano; después, en 1585, ocupó la cátedra de Teología en Alcalá de Henares, donde su fama fue tal que sus clases eran copiadas y enviadas a otras universidades, también durante su estancia en esta universidad publicó sus primeros libros; en 1593 pasó a la Universidad de Salamanca; por último, marchó a Coimbra como profesor de Teología en 1597, época en la que Portugal estaba unido políticamente a España. Allí permaneció durante veinte años. Además en esos años tuvo que enfrentarse a una denuncia del Santo Oficio (la Inquisición). Tras su jubilación en 1615 marchó a Lisboa, donde falleció dos años después.


Sus contemporáneos lo respetaron y admiraron de tal modo que le dieron el calificativo de Doctor eximio y piadoso. Su transcendencia iba más allá del ámbito católico, en efecto, alcanzó a colectivos tan diferentes como luteranos, anarquistas o burguesía liberal e influyó en la filosofía política moderna o en pensadores tales como Descartes y Leibniz.
El conjunto de sus ideas y enseñanzas recibió el nombre de suarismo. En cuanto a sus estudios teológicos se muestra seguidor de la escolástica de Tomás de Aquino y a éstos se une sus estudios sobre Metafísica, Teoría del Conocimiento y Filosofía del Derecho. Su fama se debe principalmente a sus estudios sobre temas de Derecho Natural e Internacional. Según sus planteamientos los reyes han de estar al servicio del pueblo de modo que no hay excusa alguna que justifique que los reyes actúen como tiranos y que el pueblo tiene potestad para impedir cualquier gobierno tiránico. En cuanto a sus ideas sobre Derecho Internacional, piensa que los diferentes estados y naciones del mundo son comunidades naturales que forman parte de una unidad política y moral que abarca todo el género humano.

El número de obras fue ingente, destacando Disputiones Methaphysicae, en las que partiendo de Tomás de Aquino, va más allá; Defensio fidei catholicae, obra que fue quemada en público en Inglaterra y en Francia; Sobre el alma, tratado que resume sus ideas sobre psicología; Sobre las leyes, aquí expone su pensamiento jurídico-político con planteamientos avanzados en su tiempo, como son la posibilidad de derrocar al gobernante, derecho de gentes y sociedad internacional.


Por su transcendencia como pensador e intelectual, este hijo ilustre de la ciudad de Granada ha sido recordado también en otros monumentos, así en la facultad de Derecho hay una estatua de él, además una plaza lleva su nombre que se encuentra junto a su casa natal, en cuya fachada hay una lápida que hace alusión este célebre granadino.